3.7.13

LA PANADERÍA CHOTANA

Segundo Rojas Gasco
Segundo Rojas Gasco



Meses atrás, en un canal de televisión limeño se entrevistó a la Secretaria del Consulado de Marruecos sobre el origen de algunas comidas peruanas que gozan de gran aceptación en el ámbito internacional. Grande fue mi sorpresa cuando en un pasaje de la entrevista la funcionaria marroquí manifestó no sólo que algunas de éstas comidas son originarias de Arabia (por ejemplo las empanadas, el dulce de higos), que fueron llevadas a España por comerciantes y navegantes y después traídas al Perú desde España, en la época de la Colonia, sino que también reveló que los buñuelos, ese postre tan exquisito que se comía en Chota en los días de Navidad era originario de Irak.

Las aseveraciones de la entrevistada lograron que viniera a mi mente que Francisco Pizarro, el jefe de la expedición colonizadora del Perú, además de contar con un ejército de valerosos soldados, tenía a su disposición (como hombre de ‘buen diente’) a expertos cocineros y panaderos.

Con el tiempo, ya establecida la conquista, los españoles radicados en las principales ciudades peruanas continuaron preparando sus comidas con las mismas recetas españolas; pero, poco a poco, fueron agregando a éstas ingredientes nativos, con lo que se logró un mestizaje muy apropiado en las comidas, y se obtuvieron refinados manjares, al punto que en la actualidad estos platos exquisitos son el deleite de los paladares nacionales y extranjeros. Y, por supuesto, este mismo procedimiento de mejoramiento de la comida se dio también en Chota y sus distritos.

La mencionada entrevista, como era de esperar, me originó estas reflexiones al tiempo que me estimuló para escribir el presente artículo sobre la panadería chotana, la cual es una actividad muy variada y selecta.

Pero antes de ingresar en el tema quiero, a modo de una pequeña introducción, puntualizar dos cosas: la primera, que cuanto escribo en este artículo es fruto de mi experiencia hasta 1952 (año en que emigro con mi familia a Lima); de modo que si he olvidado en el tintero a alguna panadería de aquella época, se debe a los años que han transcurrido, esto es, a una causa involuntaria; olvido que puede ser enmendado con la colaboración de algún amigo y paisano memorioso que con sus aportes pueden enriquecer este artículo. La segunda acotación: hasta 1952 un alto porcentaje de mujeres chotanas sabía preparar sus panes favoritos. Algunas familias tenían su propio horno y otras elaboraban su pan colocando la masa en latas sobre un fogón. Conocimiento que fue trasmitido de generación en generación.

Algo más: en estos momentos me viene la idea (para se les haga agua la boca) de escribir primero los nombres de todos los panes que conocí y saboreé: los bizcochos, panecitos, rosquitas, merucas, empanadas, bizcochuelos, tortas, galletas, calabrias, marraquetas, semitas, pasteles, pan de yema, turcas, molletes, alfajores, alfajorcitos, semitillas, hojarascas.

Los chotanos de mis tiempos al leer esta relación, seguramente recordarán la forma, tamaño, textura y sabor de los panes y pasteles.

Dicho esto, damos curso a nuestros recuerdos y vamos al grano.


Recordemos a don MISAEL VILLANUEVA


Es bueno recordar a don MISAEL VILLANUEVA, llamado cariñosamente don MISHACO, maestro panadero que yo conocí: de tez blanca, pequeña estatura, medio calvo. Era especialista en preparar el amasijo de los bizcochos. Su labor era tan óptima que había que solicitar sus servicios con anticipación, lo que ahora se dice irónicamente: había que hacer cola.

Tanto era así de exigente don Mishaco que el día acordado el solicitante debía alistar una batea grande, de madera (felizmente no se usaba el plástico), y junto a ella un depósito con harina blanca flor, otro con azúcar, otro con agua y un último depósito con huevos; el resto de ingredientes, especialmente las levaduras los traía él (su secreto profesional). Con esos materiales don Mishaco empezaba a mezclar la harina, huevos, azúcar, agua; y mueve y mueve con las manos, hasta que ya la masa se levantaba un poco más, entonces don Mishaco colocaba sus antebrazos y manos como si fueran paletas, cogía la masa, la levantaba y la dejaba caer sobre la batea, produciendo un golpe seco, acompañado de un grito ¡a…..já!. Así continuaba la labor de don Mishaco, la que sólo terminaba cuando la batea quedaba empanzurrada de masa de bizcocho, de bote a bote. Luego la cubría con una tela de costalillo de harina, hasta el día siguiente en el que los ayudantes arrancaban la masa con las yemas de sus dedos y la colocaban en las latas de hornear. Estos asistentes estaban tan acostumbrados a su trabajo que puedo asegurar que todas las bolas de masa tenían igual peso, no necesitaban de balanza.

Esta es una oportunidad para recordar con gran afecto a don Mishaco, que, a mi parecer, fue el mejor Maestro Panadero que ha tenido Chota.


Los Bizcochos de don Trinidad Guevara – Lajas


Cuando yo tenía nueve años fui a pasar algunos días de mis vacaciones primariosas a Lajas, en la casa de mi abuelita, doña Filomena Tarrillo Vásquez; estancia ubicada exactamente en La Rinconada, a 3 Km. de la ciudad de Lajas.

Era un lugar maravilloso (hasta ahora lo es), de abundante vegetación, en especial de árboles frutales –guabas, mote mote, naranjas, limas, cidras, etc. Los primos que disfrutábamos las vacaciones, jugábamos pelota y después íbamos a bañarnos en la quebrada que pasaba muy cerca de las tierras de la abuela.

Una tarde la abuela me mandó a comprar dos soles de bizcochos de la tienda de don TRINIDAD GUEVARA, que quedaba en una esquina de la Plaza de Armas de Lajas. Fui acompañado de mis primos – yo era el mayor – y, corriendo por el camino de herradura o a veces cortando camino por las pampitas y pircas, llegamos rapidísimo a Lajas.

Las dos monedas que me dio la abuela eran soles de cinco décimos, monedas de plata fina, que al golpearlas sobre las piedras emitían un sonido vibrante. Era, pues, plata fina.

No recuerdo cuántos bizcochos me dio don Trinidad, pero llenaron el costalillo.

Me despedí de don Trinidad tras agradecerle por el bizcocho que me dio de yapa, el cual, naturalmente, yo y mis dos primos lo devoramos.

De regreso a casa una tía nos preparó un exquisito chocolate en cántaro, batido con el molinillo, instrumento de madera que, al igual que las batidoras modernas, batía y batía el chocolate hasta que los bollos de chocolate (cacao puro, en forma de pequeñas bolas) se disolvieran. Al finalizar el preparativo tomamos un riquísimo chocolate servido en un jarro de fierro enlozado, acompañado con su sándwich de bizcocho con queso fresco. El bizcocho era fresco, grandote, suavecito, de color amarillento y sabor a yema de huevo. ¡Qué rico! Ahora después de 70 años, de inmediato, quiero comer, por lo menos, algo parecido.

Los bizcochos de don Trinidad Guevara eran famosos en la región, y toda persona que visitaba Lajas tenía que comprar los bizcochos de don TRINE Guevara. Ahora bien, ustedes se preguntarán por qué comienzo con los bizcochos de Lajas. La respuesta es sencilla: porque es el recuerdo más entrañable del pan de mi niñez, y porque estoy seguro que don Trinidad Guevara era descendiente de alguna familia Guevara de Chota, y, naturalmente, en esta ciudad heredó la receta. Después fue a vivir a Lajas.


Los Panes de yema de las Madrugadas


Cuando estudiaba secundaria, vivía por el barrio del correo y telégrafo, es decir, cerca al Corralón —lugar donde los alumnos del colegio San Juan practicaban los deportes y gimnasia, especialmente el básquetbol; después este lugar fue ocupado por el frigorífico. Frente al Corralón vivían también mis compañeros de estudios José y Jaime Villanueva —los glishes—, y Julio Tiravanti (hasta el 3er año).

Los días de exámenes bimestrales, y finales, nos levantábamos muy temprano a estudiar junto a los postes de alumbrado de la Plaza de Armas, porque en las viviendas no había luz eléctrica.

El que nos despertaba a eso de las 3 de la mañana era nuestro compañero de estudios Antonio Ruiz Rodríguez —Piche Antonio—, que para llevar a cabo esa tarea, tocando su quena, iba de casa en casa. Recuerdo que casi siempre tocaba el vals “CIELO SERRANO”.

Algunos de nuestros parientes estaban agradecidos con Antonio por despertarnos a esa hora a estudiar, otros no, porque les quitaba el sueño. Pero lo relevante de la colaboración de Antonio para lo que deseo contar era que a eso de las cuatro de la mañana (cuando toda Chota estaba dormida, abrigada, bien arropada) nos encontrábamos en la Plaza de Armas los “chancones del San Juan”, bien abrigados con ponchos, capas, guantes, chalinas y gorros, para amenguar el intenso frío. Recuerdo que los que usaban capa y boina eran Jaime Villanueva y Oscar Muñoz.

En eso estábamos cuando a eso de las cinco de la mañana pasaban los panaderos con las latas de pan de yema en masa, camino al horno, todavía blancos con sus tres puntas, picadas con tijera; para después, a eso de las 6 de la mañana, regresar con los panes de yema, horneados, calientitos, crocantes, riquísimos; entonces, nosotros los chancones abordábamos a los panaderos para comprarles esas delicias. ¡Cómo no recordar ese manjar de madrugada para los chancones sanjuanistas!


Los Alfajorcitos de doña Sarita Estela


Doña Sarita Estela tenía su tienda en una esquina frente al Corralón. Vivía con su sobrina la Señorita Cruz Estela. Las dos eran solteras, no tenían pareja. Se dedicaban a la panadería y se habían especializado en la elaboración de los alfajorcitos. Les llamábamos así porque éstos eran pequeños; con dentro de manjar blanco, preparado con leche fresca y canela.

Un domingo por la tarde compré de la tienda de doña Sarita una RICH COLA, rosadita, y fui a tomarla, a pico de botella, sentado sobre los escombros de una barda de adobe que en su buen tiempo protegía al campo deportivo. En eso llegó Pepe Villanueva me saludó y me dijo:

—Espera, que voy a comprar un alfajorcito y mi Rich Cola.

Pepe no trajo uno, sino diez. Me invitó a saborear los dulces, que los comimos remojándolos con nuestra gaseosa. Desde entonces y por un buen tiempo todos los domingos por la tarde Pepe Glishe me invitaba los alfajorcitos, que los consumíamos acompañados con Rich Cola, mientras recordábamos algunas materias de estudios y chismoseábamos otro poco.

Nunca le pregunté de donde salía ese dinero que él gastaba, pero después y por su propia iniciativa me contó que sus primos Arrascue de Lajas le daban una propina por la compra de ganado.

Años más tarde nos encontramos con Pepe en Lima, durante nuestros estudios superiores, debido a que ambos estábamos alojados en la casa pensión de mi tía Carmen Rosa Gasco, prima de Pepe por la rama de los Gasco. Después hemos continuado fortaleciendo nuestros lazos de amistad: hemos viajado juntos a Chota, y cada cierto tiempo nos encontramos en Lima, Trujillo o Chiclayo. A Pepe quiero expresarle en estas líneas mi felicitación por sus obras escritas y por sus artículos periodísticos que difunden los valores culturales e históricos de nuestra querida Chota. Aprovecho la oportunidad para agradecer a Pepe Villanueva por haberme invitado tantos domingos los ricos alfajorcitos de la Srta. Sarita Estela.


La panadería de los Pediches de doña Clara Zorrilla


Por un tiempo viví en la misma calle donde vivía el doctor Aníbal Díaz Bazán; arteria que ahora —según me han informado— se llama Calle Adriano Novoa, en homenaje a nuestro valeroso alcalde que en 1910 organizó y comandó un batallón de voluntarios chotanos que fueron hasta la frontera con el Ecuador a defender el territorio patrio, y también, posiblemente, porque en ella vivía la familia Novoa.

En la vereda opuesta a mi casa estaba ubicada la panadería de doña Clara Zorrilla; establecimiento que, como todas las panaderías chotanas, carecía de nombre comercial, y simplemente se le conocía como la panadería de doña Clara Zorrilla.

La señorita Clara Zorrilla era alta, delgada, de tez morena, de cabello lacio color negro. Vestía siempre con ropa también de color negro; y como distintivo de elegancia llevaba puesto un chal tejido y bordado a mano cubriéndole los hombros y pecho.

Daba la impresión de que se había resignado a su suerte de solterona, pues vivía en su casa con dos señoritas, quienes, además de darle compañía familiar, ayudaban al maestro panadero en la elaboración de los panes y pasteles, así como en la venta de éstos.

A los jóvenes nos cautivaba presenciar a la señorita Clara Zorrilla cuando iba a misa los domingos, acompañada siempre de las dos señoritas, una de las cuales llevaba el reclinatorio; y esto debido a que, al ver a la señorita Clara camino a la iglesia, nos imaginábamos que era una andaluza del siglo XVII que había recalado en Chota

Su panadería tenía dos ambientes: uno, en el que se encontraba el horno, donde se elaboraban los panes; y otro, que era la tienda, con un mostrador muy bien presentado.

En la tienda, que era espaciosa, la dueña había acondicionado un pequeño saloncito para agasajos, en el que se notaba una mesa de madera circular con sillas a su alrededor y algunos sillones de madera y de mimbre. La disposición de los muebles y otros detalles en su decoración le daban al saloncito un aire elegante y cómodo, razón por la que era muy requerido por las familias campesinas para las pedidas de mano, que folclóricamente se les llamaban “Los Pediches”.

Los padres del novio contrataban con anticipación el local y el agasajo para que doña Clara Zorrilla preparara todo el ambiente de la pedida de mano. Allí, en el saloncito, en la mesa circular cubierta con un mantel blanco reluciente campeaba en el centro un queso grande y alto; alrededor del cual se disponían varios platos con bizcochos, bizcochuelos, galletas, pasteles, turcas, panecitos, semitillas, etc. Y a un costado del queso, se encontraba la esenciera de vidrio con café recién destilado; y también las tazas, colocadas al borde de la mesa.

Cuando ya estaban sentados a la mesa el novio y la novia, y los parientes de ambos, hablaba solamente el papá del novio haciendo presente las virtudes del novio y el cariño de toda la familia hacia la novia. Si después del palabreo el papá de la novia comía su bizcocho con queso —preparado por la mamá del novio—, y tomaba el asentativo con una copa de vino oporto Tres Piernas (ese tipo de vino estaba de moda), significaba que el novio era aceptado y el matrimonio estaba asegurado, comprometido y respaldado; de lo contrario, es decir, si el papá de la novia no degustaba el bizcocho y el asentativo, no había matrimonio.

Los vecinos éramos medio juzgavidas y estábamos mirando para saber cuál era el final del “pediche”.

El año 1952, cuando salí de Chota, dejé en plena actividad comercial a la panadería con su dueña la andaluza doña Clara Zorrilla.


Las Marraquetas de Don Isaac


Cómo no recordar las marraquetas de don Isaac Arana. Don Isaac vivía frente a don Lino Campos, vale decir, a la vuelta de la tienda comercial de don José Mercedes Díaz; ubicada esta última en una esquina oeste de la Plaza de Armas. Hoy donde era la pequeña tienda de don José Mercedes Díaz hay un edificio.

Don Isaac Arana era alto, delgado, de tez morena, con un pequeño bigote. Vestía una tenida bien elegante, con chaleco. En el bolsillo de esta prenda llevaba un relojito de leontina cuya tapa se abría con un resorte. Su esposa se ataviaba, también, elegantemente.

Aun cuando la tienda de don Isaac vendía de todo, los campesinos que la visitaban preferían comprar las marraquetas, las cuales eran unos biscochos de forma alargada con manjar blanco en el centro. Manjar blanco casero, elaborado con leche fresca, maicena, clavo de olor y canela. Eran grandes y de sabor agradable.

Además de las marraquetas la esposa de don Isaac elaboraba las hojarascas, pasteles preparados con dulce de camote. Las hojarascas eran muy solicitadas los domingos, en la feria dominical. Con Pepe Glishe también hemos saboreado estos manjares tan exquisitos.


Las merucas del Gringo Stal


Consigno este apartado en el presente escrito porque considero conveniente expresar, en unas cuantas líneas, mis recuerdos respecto a la actividad comercial que el gringo Stal mantuvo con la panadería chotana.

El gringo Stal llegó a Chota, me parece, después de la Primera Guerra Mundial. Se apellidaba Stal, así a secas; nadie sabía su nombre ni por qué llegó a Chota.

Era alemán y llegó acompañado de su paisano el señor Carlos Ecle. Este último tenía su quinta en la curva de la carretera que sale a Chiclayo, frente a Corepuquio. Poseía un molino accionado por un motor petrolero, en el cual los chotanos mandaban a moler la chochoca y el pepián. El encargado de operar el molino era el gringo Stal, quien además de realizar esta tarea cultivaba hortalizas y árboles frutales.

El gringo Stal terminaba su tarea diaria a las cuatro de la tarde. y después se acicalaba para salir a la ciudad. A todo esto, refiero que mis padres tenían una bodega muy bien surtida de mercadería. En este establecimiento mi papá había colocado en un rincón una pequeña mesa con una silla para atender al gringo Stal cuando llegara a la tienda (como su primer paso a la ciudad) a eso de las cinco de la tarde.

Conocedor del temperamento del gringo mi padre me había instruido como atenderlo. Apenas se sienta, me había dicho, le llevas dos merucas (panes hechos con harina gruesa de cebada), una porción de queso duro y un cuarto de aguardiente de caña con cascarilla. Y le atiendes de inmediato porque el gringo es amargo

Y así lo hice diariamente a las cinco de la tarde cuando llegaba el gringo Stal. Recuerdo que mientras comía hablaba un poco en alemán que yo no le entendía nada, y que después de comer se levantaba, dejaba una moneda de medio sol y salía hablando en su idioma.

En aquel entonces yo tenía diez años de edad, y era palomilloso. Una tarde quise jugarle una broma al gringo, y, en lugar de servirle merucas le serví semitillas. El gringo dio un golpe con la mano en la mesa.

¡Esa no vala!—exclamó molesto (quiso decir que esa semitilla no era su meruca, no valía).

Su rostro se había puesto rojísimo; y esa fue la primera y última vez que me burle del gringo.

Mi propósito con este párrafo es contarles que el gringo, habiendo tan deliciosos panes chotanos, prefería las merucas, posiblemente porque en Alemania había comido panes de similar sabor y textura. Debo agregar que el gringo Stal dejó descendientes en Chota.


El Nocturno de Don Gallito


Es necesario escribir una breve introducción a este apartado para que los jóvenes y niños que lean este artículo, sepan qué era un Nocturno.

Un Nocturno era un cafetín que funcionaba solamente en las noches (de allí su nombre), en el que se servía café, café con leche, chocolate, acompañados de pan con queso fresco o queso maduro, también con bizcochos con mantequilla de Santa Clara. Se ofrecía, además, pasteles, empanadas, rosquitas, galletas, alfajores, y otros manjares, a gusto del cliente. De tal manera que al pasar por la calle del Nocturno, y mucho mejor al ingresar en él, se percibía un olor riquísimo a café recién destilado, a leche fresca recién hervida, a pan de yema recién horneado…. ¡Qué olor tan agradable trasminaba nuestras narices!

A estos nocturnos concurrían personas de nivel económico medio o alto, entre ellos, profesionales, empleados públicos y privados, y algunos colegiales.

El distintivo principal del Nocturno era el porongo de latón o de zinc, en el que se echaba la leche para ser hervida. Este porongo se colocaba sobre un brasero que funcionaba con carbón. Ese conjunto de brasero y porongo estaba colocado a un costado de la puerta de ingreso al local; donde a fuerza del abaniqueo chispeaba el rojo carbón y aumentaban las llamas y el calor. Una vez que hervía la leche, sonaba el pitazo producido por la salida del vapor, por un orificio pequeñísimo practicado en el pico del porongo. Ese pitazo era a veces tan sonoro que se oía hasta la siguiente esquina.

En Chota había dos Nocturnos: el de don Isidro Gonzales en los Barrios Altos y el de don Gallito en los Barrios Bajos.

Concluida esta introducción que no fue tan breve como suponía paso a transmitir mi experiencia personal en el nocturno de don Gallito.

Yo era músico de la Banda Militar del Colegio San Juan; tocaba clavicor. Durante el año escolar se ejecutaban las siguientes retretas principales (porque podrían haber otras), programadas por la dirección del plantel y que se realizaban por las noches:

- El día del aniversario de la creación del Colegio (el 15 mayo)

- En la fiesta patronal de San Juan (el 25 junio)

- El 28 de julio

- Para la feria del 15 de Agosto

- El aniversario de la Banda Militar (el 12 Octubre)

En estas retretas nos instalábamos en el kiosco de la Plaza de Armas y allí tocábamos de 8 a 10 p.m. Como es sabido, esas retretas alegraban las noches friolentas y tristes de la ciudad, y era motivo para que los chotanos y chotanas se pasearan alrededor de la plaza y al mismo tiempo disfrutaran de la buena música.

Pues bien, después de cada retreta el director del colegio nos agasajaba con un riquísimo banquete que lo llamábamos EL NOCTURNAZO de don Gallito. Así, al terminar la retreta, dejábamos los instrumentos en el colegio y nos dirigíamos al Nocturno. Cómo olvidar ese banquete de leche, café, chocolate, queso fresco y maduro, y toda la variedad de panes y pasteles, que nos servían en tres mesas largas con manteles blancos. Es bueno precisar que nunca fuimos al nocturno de don Isidro Gonzáles (no recuerdo por qué razón) a pesar de que estaba más cerca al local del colegio.

La persona encargada de esta excelente presentación era la hija del dueño, la señorita Clarita, muy buenamoza, de quien, dicho sea de paso, estaba muy enamorado nuestro maestro de la banda de música, nuestro queridísimo Misho Portilla.

Ellos se cruzaban las miradas, y después del respetivo saludo lo mejor era para nosotros. Una vez que estábamos sentados a la mesa, comenzaban las palomilladas y el pillaje de pasteles y queso.

Recuerdo una ocasión en la que el “coche” Antonio Coronado (el más palomilla del grupo) comió rapidito su porción de queso fresco, y metió los pasteles de su plato en su bolsillo; y todo para reclamar:

- Señorita Clarita, a mi no me han puesto queso ni pasteles, el platillo está vacío.

- Cómo —replicó la Clarita—, yo misma lo he servido igual para todos.

- No sé —repitió Antonio Coronado.

Nosotros lo apoyamos en su reclamo y a la señorita Clarita no le quedó más remedio que traer más queso y otro plato de pasteles.

Al terminar este relato deseo fervientemente que estos Nocturnos sigan deleitando el paladar de los paisanos y de los visitantes, y que los turistas se despidan satisfechos de Chota.


Los Bollos del Compadrazgo

- Muñeca de Pan -


Una variedad de la panadería chotana que no era exquisita en su sabor, pero sí muy importante en las relaciones personales y familiares, eran los famosos BOLLOS. Las niñas, especialmente las adolescentes, querían tener su bollo como si fuera una muñeca, a la que le cosían su blusa, falda, mantón, le colocaban sus cabellos negros o rubios, y sus ojos azules o verdes (con perlas).

Los bollos eran una especie de muñecas de masa de pan que tenían solamente la cara de mujer, un cuello corto, y de allí para abajo, se iba alargando la figura hasta terminar casi en una punta, es decir, no tenía piernas ni brazos.

Los preparaban con harina bien fina y agua, nada más, y después los panaderos los sacaban del horno para que se enfriaran y endurecieran.

Las adolescentes, una vez que tenían sus bollos, procedían a bautizarlos, y para ese fin acordaban con sus amigas sobre quiénes serían los padrinos, los cuales las más de las veces eran sus enamorados, o los jóvenes que las pretendían. De tal manera que después del bautizo ya estaba asegurado el enamoramiento o se incitaba al enamoramiento. Llamaba la atención, cuando estaban reunidas las jovencitas, que el bollo pasaba de mano en mano y cada jovencita arrullaba al bollo al tiempo que le decía algunas frases que producían las carcajadas de todas.

Así, del padrinazgo de los bollos nacieron las palabras: cumpita (compadre) cumita (comadre). Estoy seguro que de aquellos tiempos perdura algún cumpita o cumita como tratamiento personal, hasta ahora.

Yo he presenciado algunos compadrazgos de Bollos y estoy seguro que varios matrimonios chotanos tienen su origen en los compadrazgos de los Bollos.


La Canastita de la Corrida de Toros


Terminamos estos relatos con un ligero apunte sobre la Canastita de Pasteles que llevaban las señoras que iban a las corridas de toros de la fiesta de San Juan.

Eran unas canastitas pequeñas, tejidas de carrizo, que preparaban las madres chotanas con algunos pasteles (bizcochos, turcas, panecitos, empanadas, etc.).

En el intermedio de la lidia de toro y toro, la mamá sacaba los pasteles de la canastita y los invitaba a su esposo e hijos y algunas veces a ciertos vecinos del palco colindante.

De esta manera, saboreando los pasteles, los taurinos y taurinas chotanos, aplaudían emocionados la entrada del siguiente toro.

Aquí termino el artículo sobre la Panadería Chotana, con la esperanza de que despierte el interés por conocer nuestro pasado, nuestra identidad y, además abrigo la satisfacción de que algún lector agregue algo demostrando así que vamos en el mismo camino, es decir, con el orgullo de ser chotanos.

A manera de colofón, agrego algo de mi mala poesía:


LA RONDA DE LOS PANES CHOTANOS

                                                                                                                                                                                              Muy buenas tardes señores
                                                                                                                                                                                              soy el bizcocho lajeño
                                                                                                                                                                                              que quita el hambre con empeño
                                                                                                                                                                                              soy exquisito, de mil sabores.
                                                                                                                                                                                              No te mandes colorao
                                                                                                                                                                                              replicó el pan de yema
                                                                                                                                                                                              cuando la charla está buena
                                                                                                                                                                                              aquí está su amigo cortao.
                                                                                                                                                                                              Si se trata de sabores
                                                                                                                                                                                              sostuvo la empanada
                                                                                                                                                                                              con gallina o queso preparada
                                                                                                                                                                                              pruébenme picaflores.
                                                                                                                                                                                              Quiero entrar en la ronda
                                                                                                                                                                                              dijo la semitilla
                                                                                                                                                                                              aunque color cabretilla
                                                                                                                                                                                              mi carita es bien redonda.
                                                                                                                                                                                              Aquí está la detallosa
                                                                                                                                                                                              tu sabrosa butifarra
                                                                                                                                                                                              voy alegrando de farra en farra
                                                                                                                                                                                              con jamón y lechuga verdosa.
                                                                                                                                                                                              Y con esto es suficiente
                                                                                                                                                                                              para quitarme las penas
                                                                                                                                                                                              con mi copa de aguardiente
                                                                                                                                                                                              y con mi Banda de Quenas.

1 comentario:

José Vallejos dijo...

ME ALEGRA LEER ESTE RELATO DE MUCHO VALOR HISTORICO Y CULTURAL PUES NUESTROS HIJOS NO VIVIERON TAL EXPERIENCIA Y SE PERDERA EN EL TIEMPO SI NOSOTROS NO LO TRANSMITIMOS DE GENERACION EN GENERACION AGRADEZCO AL AUTOR DE ESTE RELATO TAN DULCE COMO LOS ALFAJORCITOS QUE VENDIAN TODOS LOS DIAS EN LA PLAZA DE AARMAS HA ME OLVIDABA TAMBIEN LAS EMPANADITAS DE DON JULIO Y POR LAS NOCHES LOS ANTICUCHOS DE DON TIMO Y CONTINUANDO CON LA HISTORIA,LOS BIZCOCHOS CON QUESO DEL PATRON RIVERA Y SU RICH COLA QUE TAMBIEN LO DISFRUTE AL OTRO LADO DE LA PLAZA EL GALLO GIRO CON SU TRICICLO LLENO DE FRUTAS DE LA COSTA QUE CUENTE LA HISTORIA QUE VIVÍ ESOS AÑOS DE JUVENTUD EN MI CHOTA QUERIDA ATTE. JOSE VALLEJOS CALLIRGOS.

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